
abril 26, 2009
marzo 18, 2009
octubre 31, 2008
Calavera a la parrilla
Un día a La Muerte vi llegar
A la puerta de mi restaurante
Con gusto la hice pasar
Pero no traía buen semblante
Una anfitriona espantada
Con sonrisa la recibió
Y una cajera temblando
Su ayuda le ofreció
No me ayudes muchachita
Le dijo la muerte molesta
Al gerente voy a llevarme
Pues me hizo una apuesta
Me apostó que no aguantaría un mes
Sin comerme una rica Whopper
Y cumplí, pues con hambre me ves
Pero ya no visito y ni asusto al Porter
Por eso hoy ya me voy a deleitar
Con un combo grande con dos papas fritas
Y juro ya nunca volveré a apostar
El separarme de estas delicias
Y se fue la muerte contenta
Y al gerente con ella se llevó
Le costo cara la apuesta
Pero a Burger King regresó
A la puerta de mi restaurante
Con gusto la hice pasar
Pero no traía buen semblante
Una anfitriona espantada
Con sonrisa la recibió
Y una cajera temblando
Su ayuda le ofreció
No me ayudes muchachita
Le dijo la muerte molesta
Al gerente voy a llevarme
Pues me hizo una apuesta
Me apostó que no aguantaría un mes
Sin comerme una rica Whopper
Y cumplí, pues con hambre me ves
Pero ya no visito y ni asusto al Porter
Por eso hoy ya me voy a deleitar
Con un combo grande con dos papas fritas
Y juro ya nunca volveré a apostar
El separarme de estas delicias
Y se fue la muerte contenta
Y al gerente con ella se llevó
Le costo cara la apuesta
Pero a Burger King regresó
octubre 26, 2008
Una fiera afuera de mi casa.
Tuve que salir corriendo. Iba tarde ya. “Como siempre Figaredo”, me recuerda mi conciencia negativa cada que se preocupa por que mi avance profesional se vea truncado por mi inconsistencia en la aplicación del concepto de la puntualidad.
Por más que presionaba a mis pies a que caminaran más rápido, no me daban el ancho, ni el largo. La frondosidad de mi humanidad prácticamente estorbaba la reclamada proeza.
A unos metros vi un destello azulanaranjado, como una gorda pincelada de una mezcla de colores chillantes.
Era el camión ruta 35 de la Alianza de Camioneros Circunvecinos de la Metrópoli. Nombre que, aunque suene rimbombante, no significa más que una agrupación de chatarras polvorientas que brindan un modesto servicio a los no menos modestos usuarios como su servidor.
Tratando de ignorar la realidad dejé caer mi sagrada humanidad sobre la fría y reconfortante banca de acero inoxidable que sostenían dos iluminados anuncios, uno de un desodorante que promete sacarte de la soltería y otra, de un Megasorteo que con solo 50 centavos te asegura sacarte de la miseria.
Hasta las 6:55 AM llegó la siguiente unidad de transporte. Y me subí ya resignado a contarle a mi jefe que no pude salir de mi casa porque un tigre estorbaba la puerta de mi casa y temía por mi integridad. A mi abuelita la enterré anteayer y mi mejor amigo murió el sábado pasado.
¡No somos nada, en verdad!
Por más que presionaba a mis pies a que caminaran más rápido, no me daban el ancho, ni el largo. La frondosidad de mi humanidad prácticamente estorbaba la reclamada proeza.
A unos metros vi un destello azulanaranjado, como una gorda pincelada de una mezcla de colores chillantes.
Era el camión ruta 35 de la Alianza de Camioneros Circunvecinos de la Metrópoli. Nombre que, aunque suene rimbombante, no significa más que una agrupación de chatarras polvorientas que brindan un modesto servicio a los no menos modestos usuarios como su servidor.
Tratando de ignorar la realidad dejé caer mi sagrada humanidad sobre la fría y reconfortante banca de acero inoxidable que sostenían dos iluminados anuncios, uno de un desodorante que promete sacarte de la soltería y otra, de un Megasorteo que con solo 50 centavos te asegura sacarte de la miseria.
Hasta las 6:55 AM llegó la siguiente unidad de transporte. Y me subí ya resignado a contarle a mi jefe que no pude salir de mi casa porque un tigre estorbaba la puerta de mi casa y temía por mi integridad. A mi abuelita la enterré anteayer y mi mejor amigo murió el sábado pasado.
¡No somos nada, en verdad!
septiembre 04, 2008
REFILL
El refresco se sirve hasta que se deshaga el vaso. Hasta que te hartes de beber. ¡Vamos a refilliar!.. Otra vez.
noviembre 06, 2006
Reflejos de Almodóvar
El verse uno mismo desnudo frente a millones de personas pudiera ser una experiencia inolvidable. Claro, en el sentido de que nunca podría borrarse de tu memoria la vergüenza de exponer los treinta y cinco kilos que traes de más frente a quien sabe cuantos conocidos (por no contar los desconocidos) y que seas criticado hasta por no tener bello en el tren de aterrizaje, por no llamarlo de otra manera.
Algo parecido le sucede al director de cine Pedro Almodovar. Bueno, pero el se desnuda de otra manera: Pone al descubierto en cada uno de sus filmes los rincones inexplorados de su infancia, su familia, su madre, etc.
Antes de mencionar que nació en la década de los 50 y demás cifras que solo nos sirven para nunca memorizarlas y gastar en más tinta y papel. Vayamos al grano con las experiencias, que según se puede palpar visualmente, han marcado su vida y el estilo de hacer cine.
La mala educación lo hizo perder la fe.
Según Almodóvar, quien estudió el Bachillerato elemental y superior con los Salesianos y Franciscanos y conexos, perdió la fe en Dios debido a su mala educación religiosa. Ese hecho lo motivó, por así decirlo a ir al cine de manera compulsiva. “Una de cal por dos de arena” o alguna otra frase contentadora con la que se pueda comparar, justifica el que la traumática experiencia de ir a una escuela de monjas nos haya regalado un buen director de cine.
Según Almodóvar, sus recuerdos han sido importantes a la hora de escribir el guión de La mala educación, pues vivió en los escenarios y en las épocas que transcurre la misma. Más, sin embargo, no es autobiografica. Ni un ajuste de cuentas con los curas que lo maleducaron, asegura, solo dios y él lo saben.
Volver, de nuevo a la infancia.
Almodovar tuvo a su madre muy cerca durante el rodaje de Volver y asegura que ha logrado encajar una pieza que a lo largo de su vida le ha provocado mucho dolor y ansiedad. Ha pasado un duelo que necesitaba, igual no habla claramente de que o de quien, pero ha aceptado mejor el concepto de muerte y la perdida de un ser querido.
Además, los recuerdos más alegres de su infancia los recuerda junto al rió, también es el lugar donde descubrió su sensualidad.
El recuerdo de acompañar a su madre al río y ver lavar a todas las mujeres, se convirtió en la cosa que más añora de su infancia y pubertad.
Y otro recuerdo más de su madre surge al rendir homenaje a la vecina solidaria quien comparte los problemas de sus vecinos y hasta da su vida por cuidar la de los demás. De hecho cuenta que su madre vivió gran parte de sus últimos años asistida por sus vecinas más próximas.
La flor de su secreto.
La soledad de una madre viuda, de hecho la madre de Almodovar, se ve reflejada en La flor de mi secreto, una de sus películas con Victoria Abril.
En ella recuerda nuevamente la necesidad de dedicarle un tiempo a su progenitora, de quien siente tentación de hacer una película completamente sobre ella. De ahí viene Todo sobre mi madre donde navega entre más temas sobre la maternidad herida y la soledad espontánea entre las mujeres.
Uno y otra vez sobrevienen los recuerdos de su infancia en cada filmación, quizá ésta sea no muy diferente a la de muchos pero si se nota que le marcaron profundamente, y le llevaron a crear en el celuloide su propio reflejo, el mismo que lo deja al desnudo.
Algo parecido le sucede al director de cine Pedro Almodovar. Bueno, pero el se desnuda de otra manera: Pone al descubierto en cada uno de sus filmes los rincones inexplorados de su infancia, su familia, su madre, etc.
Antes de mencionar que nació en la década de los 50 y demás cifras que solo nos sirven para nunca memorizarlas y gastar en más tinta y papel. Vayamos al grano con las experiencias, que según se puede palpar visualmente, han marcado su vida y el estilo de hacer cine.
La mala educación lo hizo perder la fe.
Según Almodóvar, quien estudió el Bachillerato elemental y superior con los Salesianos y Franciscanos y conexos, perdió la fe en Dios debido a su mala educación religiosa. Ese hecho lo motivó, por así decirlo a ir al cine de manera compulsiva. “Una de cal por dos de arena” o alguna otra frase contentadora con la que se pueda comparar, justifica el que la traumática experiencia de ir a una escuela de monjas nos haya regalado un buen director de cine.
Según Almodóvar, sus recuerdos han sido importantes a la hora de escribir el guión de La mala educación, pues vivió en los escenarios y en las épocas que transcurre la misma. Más, sin embargo, no es autobiografica. Ni un ajuste de cuentas con los curas que lo maleducaron, asegura, solo dios y él lo saben.
Volver, de nuevo a la infancia.
Almodovar tuvo a su madre muy cerca durante el rodaje de Volver y asegura que ha logrado encajar una pieza que a lo largo de su vida le ha provocado mucho dolor y ansiedad. Ha pasado un duelo que necesitaba, igual no habla claramente de que o de quien, pero ha aceptado mejor el concepto de muerte y la perdida de un ser querido.
Además, los recuerdos más alegres de su infancia los recuerda junto al rió, también es el lugar donde descubrió su sensualidad.
El recuerdo de acompañar a su madre al río y ver lavar a todas las mujeres, se convirtió en la cosa que más añora de su infancia y pubertad.
Y otro recuerdo más de su madre surge al rendir homenaje a la vecina solidaria quien comparte los problemas de sus vecinos y hasta da su vida por cuidar la de los demás. De hecho cuenta que su madre vivió gran parte de sus últimos años asistida por sus vecinas más próximas.
La flor de su secreto.
La soledad de una madre viuda, de hecho la madre de Almodovar, se ve reflejada en La flor de mi secreto, una de sus películas con Victoria Abril.
En ella recuerda nuevamente la necesidad de dedicarle un tiempo a su progenitora, de quien siente tentación de hacer una película completamente sobre ella. De ahí viene Todo sobre mi madre donde navega entre más temas sobre la maternidad herida y la soledad espontánea entre las mujeres.
Uno y otra vez sobrevienen los recuerdos de su infancia en cada filmación, quizá ésta sea no muy diferente a la de muchos pero si se nota que le marcaron profundamente, y le llevaron a crear en el celuloide su propio reflejo, el mismo que lo deja al desnudo.
octubre 26, 2006
Libros, no rock.
No, no era la fila para entrar a la Feria Internacional del Libro de Monterrey. En realidad eran como treinta personas que llevaban en la mano derecha un ejemplar literario, y se miraban deseosos de que la autora de este mismo, le imprimiera su rubrica precedida de una nada original dedicatoria. ¿Que quien era ella? Para mí en ese momento era lo de menos, pero lucía impecable sentada en ese pequeño escritorio.
Mi misión en ese lugar era curiosa: se centraba en encontrar un libro que me contara hasta de que color era el jabón con el que se bañaba Mick Jagger y cuantas veces lo hacía al mes. O por lo menos me dejara enterarme si a los cinco años se le cayó el último diente de leche.
En fin, mis ojos bailaban entre los estantes en búsqueda de algo que tenga que ver con la escena del rock, en general.
De hecho yo no soy un ávido lector; mis lecturas se limitan al Rolling Stone, La Mosca y demás similares y conexas. Y aun así, decidí empezar a peinar la zona. Pasillo por pasillo.
Y de esa manera comenzaron a brotar de entre los libros de Carlos Fuentes y Roberto Gómez Bolaños, si, Chespirito, algunas "joyas" de la literatura rockanrolera:
Jon Bon Jovi se me quedó mirando fijamente, bueno, la portada lo exhibía con su mejor cara, y el titulo le coronaba el rostro. No era más que su biografía por parte de Ediciones Aguilar, la autorizada por el mismo y sin tapujos. Bueno, algo así decía en el reverso.
Decidí ignorar la oferta de doscientos y pico de pesos que me llevarían hasta lo más desconocido de la vida de la estrella musical de New Jersey y seguí recorriendo la Feria.
La gente, como desquiciada por leer lo que no habían leído en toda su vida, se arremolinaban en torno a las mega ofertas de las librerías que sinceramente no tenía el gusto de conocer.
Más adelante encontré una isla repleta de libros sobre la vida de Joaquín Sabina, un recuento de su vida escrita fielmente y de la mano de Javier Menéndez Flores. Así decía la contraportada. El titulo presumía "Sabina en carne viva” y era una obra maestra de Ediciones B.
La verdad creí que iba a encontrar material anecdótico de algún grupo mexicano escrito por Xavier Velasco o José Agustín. En cambio, The Beatles me borraron la esperanza con una “Edición ilustrada y actualizada de la biografía autorizada más vendida...” y amén.
El autor: Hunter Davis. Y por si fuera poco, y por más de seiscientos morlacos, The Beatles Antología, “La historia de The Beatles contada por primera vez por ellos mismos”, el uno y el otro dos hitazos de Ediciones B de nuevo.
Cuando estaba seguro que esta editorial había encontrado su minita de oro lanzando libros musicobiograficos y anecdobeatlescos; el grupo Planeta me cayó los ojos con otro libro de Sabina en el que, tomando por rieles las letras, prometía llevarnos a recorrido fantástico por su discografía atiborrada de poesía musicalizada.
Llegué a la conclusión que pocas veces embona uno como quisiera: ni la Feria Internacional del Libro fue hecha para rockeros pseudolectores, ni la Expo-monitos que se celebraba a la par en un salón anexo, me llenaban tampoco con sus disfraces irreconocibles para mi cotidiano entorno.
Así fue que con cero ejemplares en la bolsa, misma que me fue obsequiada en el stand del periódico el Financiero, huí frustrado y decidido a curarme mis penas con una super bacon guacamole del restaurante de la estrellita con sonrisa burlona y un cigarro del vaquero gay.
Mi misión en ese lugar era curiosa: se centraba en encontrar un libro que me contara hasta de que color era el jabón con el que se bañaba Mick Jagger y cuantas veces lo hacía al mes. O por lo menos me dejara enterarme si a los cinco años se le cayó el último diente de leche.
En fin, mis ojos bailaban entre los estantes en búsqueda de algo que tenga que ver con la escena del rock, en general.
De hecho yo no soy un ávido lector; mis lecturas se limitan al Rolling Stone, La Mosca y demás similares y conexas. Y aun así, decidí empezar a peinar la zona. Pasillo por pasillo.
Y de esa manera comenzaron a brotar de entre los libros de Carlos Fuentes y Roberto Gómez Bolaños, si, Chespirito, algunas "joyas" de la literatura rockanrolera:
Jon Bon Jovi se me quedó mirando fijamente, bueno, la portada lo exhibía con su mejor cara, y el titulo le coronaba el rostro. No era más que su biografía por parte de Ediciones Aguilar, la autorizada por el mismo y sin tapujos. Bueno, algo así decía en el reverso.
Decidí ignorar la oferta de doscientos y pico de pesos que me llevarían hasta lo más desconocido de la vida de la estrella musical de New Jersey y seguí recorriendo la Feria.
La gente, como desquiciada por leer lo que no habían leído en toda su vida, se arremolinaban en torno a las mega ofertas de las librerías que sinceramente no tenía el gusto de conocer.
Más adelante encontré una isla repleta de libros sobre la vida de Joaquín Sabina, un recuento de su vida escrita fielmente y de la mano de Javier Menéndez Flores. Así decía la contraportada. El titulo presumía "Sabina en carne viva” y era una obra maestra de Ediciones B.
La verdad creí que iba a encontrar material anecdótico de algún grupo mexicano escrito por Xavier Velasco o José Agustín. En cambio, The Beatles me borraron la esperanza con una “Edición ilustrada y actualizada de la biografía autorizada más vendida...” y amén.
El autor: Hunter Davis. Y por si fuera poco, y por más de seiscientos morlacos, The Beatles Antología, “La historia de The Beatles contada por primera vez por ellos mismos”, el uno y el otro dos hitazos de Ediciones B de nuevo.
Cuando estaba seguro que esta editorial había encontrado su minita de oro lanzando libros musicobiograficos y anecdobeatlescos; el grupo Planeta me cayó los ojos con otro libro de Sabina en el que, tomando por rieles las letras, prometía llevarnos a recorrido fantástico por su discografía atiborrada de poesía musicalizada.
Llegué a la conclusión que pocas veces embona uno como quisiera: ni la Feria Internacional del Libro fue hecha para rockeros pseudolectores, ni la Expo-monitos que se celebraba a la par en un salón anexo, me llenaban tampoco con sus disfraces irreconocibles para mi cotidiano entorno.
Así fue que con cero ejemplares en la bolsa, misma que me fue obsequiada en el stand del periódico el Financiero, huí frustrado y decidido a curarme mis penas con una super bacon guacamole del restaurante de la estrellita con sonrisa burlona y un cigarro del vaquero gay.
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